Resumen de las Moscas de Sartre

Las moscas, de Jean-Paul Sartre, es una obra de teatro que reinterpreta el mito griego de Orestes y Electra. Orestes regresa a Argos quince años después del asesinato de su padre y encuentra una ciudad sometida por el miedo, el remordimiento y la autoridad de Júpiter. Cuando decide matar a Egisto y Clitemnestra, no solo ejecuta una venganza familiar: también desafía el sistema político y religioso que mantiene paralizados a los habitantes de la ciudad.

Estrenada en París en junio de 1943, durante la ocupación alemana de Francia, la obra utiliza la tragedia clásica para hablar de la libertad, la responsabilidad y la posibilidad de rebelarse contra un poder que gobierna mediante la culpa. Por eso Las moscas ocupa un lugar especialmente importante entre las principales obras de Jean-Paul Sartre: convierte una reflexión filosófica en un conflicto dramático entre personas que eligen y personas que prefieren obedecer.

A continuación encontrarás un resumen completo de Las moscas por actos, seguido de sus personajes, sus temas fundamentales, el significado de las moscas y una explicación detallada del final.

Aviso: este artículo contiene spoilers de toda la obra, incluido el desenlace.

Ficha rápida de Las moscas

Título Las moscas
Título original Les Mouches
Autor Jean-Paul Sartre
Género Teatro filosófico y tragedia
Año de estreno 1943
Estructura Tres actos
Lugar de la acción Argos
Personaje principal Orestes
Mito de origen La historia de Orestes y Electra
Temas principales Libertad, responsabilidad, culpa, poder y rebelión

Resumen breve de Las moscas de Sartre

Orestes regresa a Argos acompañado por su preceptor después de pasar quince años alejado de su ciudad natal. Su padre, Agamenón, fue asesinado por Egisto y Clitemnestra, quienes gobiernan ahora sobre una población educada para sentirse culpable.

La ciudad está infestada de moscas y vive sometida a una ceremonia permanente de arrepentimiento. Júpiter y Egisto han convencido a sus habitantes de que deben expiar continuamente sus pecados y pedir perdón a los muertos.

Orestes se encuentra con su hermana Electra, que vive como una sirvienta dentro del palacio. Ella sueña con la llegada de su hermano y con la venganza contra quienes mataron a Agamenón.

Después de revelar su identidad, Orestes decide asesinar a Egisto y Clitemnestra. No lo hace obedeciendo una orden divina, sino porque elige libremente convertir ese acto en su propia responsabilidad.

Tras los asesinatos, las Furias acosan a los dos hermanos. Electra, incapaz de soportar las consecuencias reales de aquello que antes deseaba, se arrepiente y busca refugio bajo la autoridad de Júpiter.

Orestes se niega a arrepentirse. Reconoce los crímenes como propios, rechaza la moral impuesta por Júpiter y comunica a los habitantes de Argos que son libres. Después abandona la ciudad llevándose tras él a las Furias y a las moscas que simbolizaban el remordimiento colectivo.

Contexto de Las moscas

Sartre escribió y estrenó Las moscas durante la ocupación alemana de Francia. Aunque la obra se desarrolla en la antigua ciudad griega de Argos, suele interpretarse como una reflexión sobre la situación de la sociedad francesa bajo el nazismo y el régimen colaboracionista de Vichy.

Argos es una ciudad sometida por un gobernante que necesita que sus habitantes se consideren culpables. Egisto no se limita a imponer su autoridad mediante la violencia: ha logrado que la población acepte voluntariamente su inferioridad y crea que merece vivir castigada.

Júpiter protege este sistema porque el arrepentimiento mantiene a los seres humanos obedientes. Mientras una persona piense que su vida está determinada por los dioses, el pasado o una moral externa, no reconocerá plenamente su capacidad para elegir.

La obra puede leerse así como una llamada a abandonar la pasividad. Sartre no presenta la libertad como una sensación interior ni como un derecho concedido por una autoridad. La libertad solo se vuelve real cuando una persona actúa y acepta lo que su acción provoca.

Resumen de Las moscas por actos

Acto I: el regreso de Orestes a Argos

Orestes llega a Argos acompañado por su preceptor. Ha pasado quince años lejos de su ciudad y se presenta inicialmente bajo una identidad falsa. Su educación le ha permitido conocer muchas culturas y formas de pensamiento, pero también lo ha convertido en una persona sin raíces.

La ciudad que encuentra está prácticamente desierta y cubierta de moscas. Sus habitantes visten de negro, evitan a los extranjeros y viven dominados por una sensación permanente de culpa.

Júpiter aparece ante Orestes y su preceptor bajo una apariencia humana. Les explica que las moscas llegaron después del asesinato de Agamenón. Egisto mató al rey con la ayuda de Clitemnestra, ocupó el trono y convirtió el arrepentimiento en la base de su gobierno.

Los habitantes de Argos no se rebelaron cuando Agamenón fue asesinado. Desde entonces, Egisto les recuerda constantemente su pasividad y los obliga a participar en ceremonias de penitencia.

Orestes se encuentra también con Electra, su hermana. Ella vive humillada dentro del palacio y debe servir a Clitemnestra y Egisto. Aunque no reconoce a Orestes, le habla del hermano al que espera desde hace años y de la venganza que algún día debería ejecutar.

Electra muestra abiertamente su desprecio por Júpiter y por las ceremonias de arrepentimiento. Sin embargo, su rebeldía todavía se encuentra en el terreno de la fantasía: sueña con una liberación futura, pero aún no ha realizado ninguna acción capaz de transformar su situación.

Orestes contempla inicialmente la posibilidad de abandonar Argos. No siente que la ciudad sea suya y considera que los crímenes cometidos allí pertenecen a otras personas.

Poco a poco, sin embargo, comprende que su falta de vínculos también es una forma de vacío. Quiere realizar un acto que le pertenezca y que le permita construir su identidad mediante una decisión propia.

Acto II, primera parte: la fiesta de los muertos

Los habitantes de Argos se reúnen para celebrar la fiesta de los muertos. Durante la ceremonia, Egisto ordena abrir simbólicamente el acceso al mundo de los difuntos y convence a la población de que sus antepasados regresarán para juzgarla.

Los ciudadanos confiesan sus pecados, se lamentan y piden perdón. El ritual refuerza la idea de que están atados para siempre a sus acciones pasadas y de que no pueden construir una vida diferente.

Electra aparece vestida de blanco, rompiendo el luto general de la ciudad. Baila ante la multitud y afirma que los muertos no pueden hacerles daño. Durante unos instantes consigue que algunos habitantes duden del relato de Egisto.

Su desafío parece abrir una posibilidad de rebelión, pero Júpiter interviene mediante una señal aterradora. La multitud interpreta lo sucedido como una manifestación de la ira divina y vuelve inmediatamente a someterse.

Electra también retrocede. Su oposición a los dioses parecía firme mientras se mantenía en el terreno de las palabras, pero se debilita en cuanto aparece una amenaza que ella considera sobrenatural.

Después de la ceremonia, Orestes revela a Electra que es su hermano. Ella cree que finalmente ha llegado la persona destinada a vengar a Agamenón y recuperar el reino.

Orestes decide quedarse en Argos y matar a Egisto y Clitemnestra. No acepta el crimen como una obligación impuesta por su linaje ni como el cumplimiento de una profecía. Lo convierte deliberadamente en su elección.

Acto II, segunda parte: los asesinatos

Júpiter visita a Egisto y le advierte de que Orestes pretende asesinarlo. Durante su conversación queda al descubierto uno de los secretos fundamentales del poder: los habitantes de Argos son libres, pero Egisto y Júpiter necesitan impedir que lo comprendan.

La autoridad del rey no depende únicamente de los soldados o de las leyes. Depende de que los ciudadanos crean que no pueden actuar de otra manera. Del mismo modo, el poder de Júpiter disminuye cuando un ser humano reconoce su libertad y deja de pedirle permiso.

Egisto aparece cansado de mantener la representación del poder. Durante quince años ha obligado a la ciudad a vivir arrepentida, pero él mismo ha quedado atrapado dentro del sistema que creó.

Orestes entra en el palacio acompañado por Electra. Cuando se enfrenta a Egisto, el rey comprende que no puede dominarlo mediante la culpa, porque Orestes todavía no acepta ninguna autoridad moral por encima de su propia elección.

Orestes mata a Egisto y después entra en la habitación de Clitemnestra. Electra, que había imaginado muchas veces la muerte de su madre, comienza a sentir miedo cuando la venganza deja de ser un sueño y se convierte en un acontecimiento real.

Orestes asesina también a Clitemnestra. Con este segundo crimen completa la venganza, pero al mismo tiempo queda obligado a decidir qué significado dará a sus actos.

Acto III: Orestes frente a Júpiter

Después de los asesinatos, Orestes y Electra se refugian en el templo de Apolo. Las Furias los rodean y esperan la oportunidad de castigarlos. Estas criaturas adoptan la forma visible del remordimiento que pretende apoderarse de los dos hermanos.

Electra empieza a imaginar los detalles de la muerte de Clitemnestra y deja de experimentar la venganza como una liberación. Aquello que había deseado durante años se vuelve insoportable una vez que debe aceptar sus consecuencias.

Orestes intenta convencerla de que ambos deben reconocer libremente lo que han hecho. No pueden cambiar el pasado, pero sí pueden decidir la relación que mantendrán con sus propios actos.

Electra no consigue sostener esa responsabilidad. Prefiere considerar que fue engañada, que actuó bajo la influencia de su hermano y que puede librarse de la culpa sometiéndose de nuevo a Júpiter.

Júpiter aprovecha su miedo y le ofrece protección a cambio de arrepentimiento. Electra acepta la autoridad divina y se separa de Orestes. Su evolución no culmina en la independencia, sino en el regreso a la obediencia.

A continuación se produce el enfrentamiento filosófico central de la obra. Júpiter intenta convencer a Orestes de que el universo posee un orden establecido y de que los seres humanos deben someter sus acciones a una ley superior.

Orestes rechaza ese orden. Comprende que, desde el momento en que reconoció su libertad, Júpiter dejó de tener poder sobre él. No necesita que un dios declare justo su crimen ni que lo absuelva después de cometerlo.

Esta posición no significa que Orestes niegue los asesinatos o intente escapar de sus consecuencias. Por el contrario, afirma que son sus actos y acepta llevarlos consigo. Lo que rechaza es el arrepentimiento utilizado como una forma de sumisión.

Orestes sale del templo y se dirige a los habitantes de Argos. Les explica que los crímenes de Egisto y Clitemnestra han sido castigados y que ya no necesitan seguir viviendo bajo el peso del pasado.

También les revela que son libres. Sin embargo, no puede ejercer esa libertad en su lugar. Puede destruir al tirano y llevarse las moscas, pero cada ciudadano tendrá que decidir qué hacer con la vida que comienza después.

Finalmente, Orestes abandona Argos seguido por las Furias. Mediante una historia semejante a la del flautista que libera una ciudad de sus ratas, consigue atraer tras él a las criaturas que atormentaban a la población.

La ciudad queda liberada de las moscas, pero también queda sola ante su propia libertad. Sartre no garantiza que los habitantes vayan a utilizarla. La liberación política solo ha creado la posibilidad de elegir.

Personajes principales de Las moscas

Orestes

Orestes es el hijo de Agamenón y Clitemnestra. Fue apartado de Argos cuando era niño y regresa quince años después acompañado por su preceptor.

Al comienzo se considera libre porque no está comprometido con ningún lugar, causa o persona. Sin embargo, esa libertad es todavía abstracta: puede marcharse en cualquier momento porque nada le importa lo suficiente como para obligarlo a actuar.

Su evolución comienza cuando decide quedarse en Argos. Mediante el asesinato de Egisto y Clitemnestra realiza una elección que lo vincula con el mundo y de la que ya no podrá separarse.

Orestes representa la libertad consciente de sí misma. No pide que sus acciones sean justificadas por los dioses y tampoco intenta presentarse como inocente. Acepta que elegir significa asumir plenamente las consecuencias.

Electra

Electra es la hermana de Orestes y la hija de Agamenón y Clitemnestra. Vive dentro del palacio en una posición cercana a la servidumbre y expresa abiertamente su odio hacia los gobernantes.

Durante años ha imaginado la llegada de Orestes y la ejecución de la venganza. Su rebeldía, sin embargo, está construida sobre una imagen idealizada de la violencia.

Cuando los asesinatos se producen realmente, Electra no puede aceptar su responsabilidad. Se refugia en el arrepentimiento y permite que Júpiter vuelva a dominarla.

Su recorrido contrasta con el de Orestes. Ambos participan en el mismo proyecto, pero solo él acepta considerarlo una elección propia.

Júpiter

Júpiter es el dios de la muerte, las moscas y el arrepentimiento dentro de la obra. Protege el gobierno de Egisto porque ambos comparten un mismo objetivo: impedir que los seres humanos reconozcan su libertad.

Su poder depende menos de su fuerza sobrenatural que de la obediencia de quienes creen en él. Puede asustar, seducir y ofrecer perdón, pero no puede dominar a una persona que asume sus elecciones sin buscar una justificación externa.

Júpiter representa la autoridad religiosa y moral que convierte la culpa en una herramienta de control.

Egisto

Egisto asesinó a Agamenón, ocupó su trono y se casó con Clitemnestra. Desde entonces gobierna Argos mediante una política de arrepentimiento colectivo.

Aunque parece un tirano poderoso, también es prisionero de su propia representación. Debe repetir constantemente los rituales y las amenazas que mantienen vivo su gobierno.

Egisto sabe que su autoridad desaparecería si los ciudadanos descubrieran que pueden desobedecerlo. Por eso necesita que continúen considerándose débiles y culpables.

Clitemnestra

Clitemnestra es la madre de Orestes y Electra. Participó junto a Egisto en el asesinato de Agamenón y vive desde entonces sometida al remordimiento.

Su relación con Electra está marcada por el resentimiento y la incomunicación. Percibe que su hija espera la llegada de Orestes y teme la venganza que puede desencadenarse.

A diferencia de Egisto, Clitemnestra no controla el sistema de culpa: vive consumida por él.

El preceptor

El preceptor ha educado a Orestes lejos de Argos. Le ha enseñado a desconfiar de las creencias absolutas y a contemplar las diferentes costumbres humanas con distancia.

Su educación ha liberado intelectualmente al joven, pero también lo ha convertido en un observador sin compromisos. El preceptor representa una libertad puramente teórica que evita actuar para no quedar atrapada por ninguna responsabilidad.

Los habitantes de Argos

La población de Argos funciona como un personaje colectivo. Sus habitantes han aceptado la versión del pasado difundida por Egisto y participan en los rituales que aseguran su propia sumisión.

No son víctimas completamente inocentes. El sistema se mantiene porque ellos colaboran con él, aunque lo hagan mediante el miedo y el convencimiento de que no tienen alternativa.

Las Furias

Las Furias, también llamadas Erinias, persiguen a quienes han cometido crímenes dentro de la tradición mitológica. En la obra de Sartre aparecen relacionadas con las moscas y representan el remordimiento que pretende devorar a Orestes y Electra.

Se vuelven especialmente poderosas cuando una persona intenta huir de su responsabilidad. Por eso consiguen dominar a Electra, pero no pueden someter del mismo modo a Orestes.

¿Qué significan las moscas en la obra?

Las moscas representan principalmente el remordimiento que cubre la ciudad de Argos. Llegaron después del asesinato de Agamenón y se han multiplicado durante los quince años en que Egisto ha obligado a la población a recordar constantemente el crimen.

También sugieren descomposición. Argos no está únicamente castigada por una muerte pasada: es una sociedad que se ha paralizado y corrompido porque no puede dejar de mirar hacia atrás.

Júpiter presenta las moscas como la consecuencia inevitable del pecado, pero en realidad las utiliza para conservar su autoridad. El remordimiento no aparece aquí como un proceso moral espontáneo, sino como una emoción alimentada deliberadamente por el poder.

Cuando las Furias persiguen a Orestes, intentan transformar su responsabilidad en arrepentimiento. Él acepta haber matado, pero se niega a convertirse en esclavo de esa culpa.

Al final, Orestes se lleva las moscas fuera de Argos. La ciudad queda liberada del símbolo que la mantenía sometida, aunque sus habitantes deberán aprender por sí mismos a vivir sin la seguridad de la obediencia.

Temas principales de Las moscas

La libertad

La libertad es el tema central de la obra. Para Sartre, el ser humano no puede renunciar completamente a ella: incluso obedecer, permanecer pasivo o dejar que otra persona decida son formas de elección.

Los habitantes de Argos son libres, pero no quieren reconocerlo. Prefieren considerar que Júpiter, Egisto, los muertos o el pasado determinan su comportamiento.

Orestes se vuelve verdaderamente libre cuando comprende que ninguna autoridad puede elegir por él. Esta idea aparece formulada de manera más directa en El existencialismo es un humanismo, donde Sartre sostiene que el ser humano se define mediante sus acciones y no mediante una naturaleza establecida de antemano.

La responsabilidad

Sartre no presenta la libertad como una licencia para actuar sin límites ni consecuencias. Cuanto mayor es la libertad de una persona, mayor es también la responsabilidad que debe asumir.

Orestes no afirma que los asesinatos hayan ocurrido por culpa de Electra, de Agamenón o del destino. Reconoce que decidió cometerlos y que tendrá que vivir con ellos.

Este vínculo entre libertad y responsabilidad es también una de las cuestiones centrales de El ser y la nada, la obra filosófica que Sartre publicó el mismo año en que se estrenó Las moscas.

El remordimiento como instrumento de control

Egisto y Júpiter utilizan la culpa para gobernar. Los ciudadanos están tan concentrados en lamentar lo ocurrido que no pueden imaginar una forma distinta de organizar el presente.

El arrepentimiento ofrece además una falsa comodidad. Mientras una persona se considere determinada por su pasado, puede evitar la angustia de decidir qué hacer ahora.

Orestes rompe el sistema porque no permite que el poder defina el significado de sus actos. Acepta su responsabilidad sin someterse al ritual de arrepentimiento exigido por Júpiter.

La mala fe

La mala fe consiste en ocultarse a uno mismo la propia libertad. Una persona actúa de mala fe cuando finge que no puede elegir y atribuye su comportamiento únicamente a su carácter, su función social o las órdenes recibidas.

Electra cae en esa actitud cuando afirma que Orestes la arrastró hacia la venganza. Había deseado la muerte de Egisto y Clitemnestra, pero después intenta presentarse como una víctima ajena a la decisión.

Los habitantes de Argos también actúan de mala fe al considerar que su sumisión es inevitable. Egisto puede gobernarlos porque ellos participan diariamente en la ficción de su propia impotencia.

La acción y el compromiso

Al principio, Orestes posee conocimientos y libertad de movimiento, pero carece de una vida propia. Su existencia está vacía porque nunca se ha comprometido con una elección irreversible.

El asesinato lo introduce en la historia. A partir de ese momento deja de ser un visitante que contempla Argos desde fuera y se convierte en alguien definido por lo que ha decidido hacer.

Sartre examina una situación parecida desde otro ángulo en el relato El muro, donde una decisión tomada ante la muerte produce consecuencias que el protagonista no puede controlar completamente.

El conflicto entre el individuo y los otros

Orestes debe decidir si construirá su identidad a partir del juicio de Júpiter, Electra y los habitantes de Argos o si asumirá personalmente el significado de su acción.

La mirada de los demás puede convertirse en una prisión cuando una persona depende de ella para saber quién es. Sartre desarrollaría este conflicto de forma todavía más concentrada en A puerta cerrada, donde tres personajes quedan atrapados dentro de las imágenes que proyectan unos sobre otros.

El poder político y religioso

Egisto y Júpiter representan dos formas de autoridad que se apoyan mutuamente. El rey domina el presente político y el dios convierte esa dominación en un supuesto orden moral.

Ambos necesitan que los ciudadanos crean que el mundo posee unas reglas inmutables. Orestes amenaza su poder porque demuestra que una persona puede rechazar esas reglas y crear nuevos valores mediante sus actos.

Las moscas y el mito griego de Orestes

Sartre parte de la historia de la familia de los Atridas. Agamenón fue asesinado por Clitemnestra y Egisto cuando regresó de la guerra de Troya. Años después, Orestes volvió a Argos y, con la ayuda de Electra, mató a los responsables.

En la tradición griega, Orestes suele cumplir una obligación familiar y religiosa. La venganza puede haber sido ordenada o respaldada por Apolo, y el conflicto surge porque vengar al padre exige cometer el crimen terrible de matar a la propia madre.

Sartre modifica este elemento decisivo. Su Orestes no quiere obedecer una orden divina. Necesita que el asesinato sea una elección personal para poder considerarlo verdaderamente suyo.

En la tragedia antigua, el problema puede resolverse mediante la intervención de los dioses, un juicio o una purificación. En Las moscas, Orestes rechaza precisamente la posibilidad de que una autoridad superior lo condene o lo absuelva.

Tampoco regresa para ocupar el trono. Después de matar a Egisto y Clitemnestra, abandona la ciudad. Su objetivo no es sustituir a un gobernante por otro, sino destruir el sistema que impedía a los habitantes reconocer su libertad.

Final de Las moscas explicado

El final de Las moscas enfrenta dos respuestas opuestas ante una misma acción. Electra y Orestes han participado en la venganza, pero interpretan de manera diferente lo sucedido.

Electra no soporta la realidad de los asesinatos. Mientras la venganza era una fantasía, podía imaginarla como una liberación limpia y heroica. Cuando escucha morir a su madre, descubre que el acto real contiene violencia, miedo y consecuencias.

Júpiter le ofrece una salida: puede declararse arrepentida, negar su responsabilidad y volver a someterse a la autoridad divina. Electra acepta porque esa obediencia le permite dejar de considerarse autora de lo ocurrido.

Orestes toma la dirección contraria. No afirma que matar a Egisto y Clitemnestra sea una acción inocente. Tampoco pretende olvidar el crimen. Lo acepta como una elección que formará parte de él para siempre.

Júpiter intenta demostrarle que el universo posee un orden creado por los dioses. Orestes responde, en esencia, que ese orden dejó de obligarlo cuando reconoció su libertad. Ninguna norma exterior puede borrar el hecho de que es él quien debe elegir.

Esta es la verdadera derrota de Júpiter. El dios puede castigar a una persona que se considera culpable ante él, pero no puede dominar a quien ya no reconoce su derecho a juzgar.

Orestes se dirige entonces a los habitantes de Argos y les comunica que son libres. Ha eliminado a Egisto y ha roto la narración de culpa sobre la que descansaba su gobierno, pero no puede decidir el futuro de la ciudad.

Después abandona Argos seguido por las Furias. Al llevarse las moscas, libera a la población del remordimiento impuesto, pero también la deja sin excusas. A partir de ese momento, cada habitante será responsable de lo que elija hacer.

El desenlace no presenta una victoria completa ni garantiza que Argos se convierta en una sociedad justa. Sartre muestra únicamente el instante en que la obediencia deja de ser inevitable y comienza la responsabilidad.

Análisis de Las moscas

Las moscas convierte una tragedia familiar en una reflexión sobre la manera en que se construye el poder. Egisto gobierna porque ha conseguido instalarse no solo en el palacio, sino también en la conciencia de los ciudadanos.

La opresión más eficaz no necesita vigilar cada acción. Basta con lograr que las personas se vigilen a sí mismas, se consideren culpables y desconfíen de su derecho a actuar.

Por eso la obra no enfrenta simplemente a un héroe contra un tirano. El conflicto más importante se produce dentro de cada personaje: todos deben decidir si asumirán su libertad o buscarán una autoridad que elija por ellos.

Orestes comienza la obra creyéndose libre porque no pertenece a ningún lugar. Sin embargo, su falta de compromisos también significa que no ha construido nada propio. Sartre distingue así entre la ausencia de ataduras y la libertad concreta.

Una libertad que nunca se traduce en acciones permanece vacía. Orestes solo comienza a existir plenamente cuando elige un proyecto, interviene en la realidad y acepta que no podrá separarse después de lo que ha hecho.

Eso no convierte necesariamente su decisión en moralmente correcta. La obra no exige que el lector celebre el matricidio ni presenta la violencia como una solución universal. El interés filosófico se encuentra en que Orestes no intenta esconderse detrás de una orden, un dios o una tradición familiar.

Electra constituye el contrapunto necesario. Ella parece más rebelde que su hermano al principio, pero su rebeldía depende de que la venganza continúe siendo imaginaria. Cuando debe aceptar el resultado, prefiere negar su participación.

Esta diferencia revela que desear una acción no equivale a responsabilizarse de ella. La libertad sartreana no se demuestra mediante discursos, sino en el momento en que una persona mantiene su elección después de descubrir sus consecuencias.

La lectura política de la obra refuerza esta idea. Una población sometida puede esperar indefinidamente la llegada de un salvador, pero ninguna figura individual puede ejercer la libertad colectiva en su nombre.

Orestes puede matar al tirano y revelar la mentira. Lo que no puede hacer es garantizar que los habitantes de Argos abandonen su miedo. La emancipación comienza cuando desaparece la excusa para obedecer, no cuando otra persona decide por todos.

Esta es una de las razones por las que Las moscas continúa resultando incómoda. La obra no permite atribuir toda la responsabilidad al gobernante, a la religión o a las circunstancias. También obliga a preguntarse de qué manera cada individuo participa en los sistemas que lo someten.

Preguntas frecuentes sobre Las moscas

¿De qué trata Las moscas de Sartre?

La obra cuenta el regreso de Orestes a Argos para vengar el asesinato de su padre, Agamenón. A través de esta historia, Sartre reflexiona sobre la libertad, la responsabilidad y el uso político del remordimiento.

¿Cuántos actos tiene Las moscas?

Las moscas está estructurada en tres actos. El segundo acto suele dividirse en dos partes o cuadros.

¿Quién mató a Agamenón?

Agamenón fue asesinado por Egisto con la colaboración de Clitemnestra, esposa de Agamenón y madre de Orestes y Electra.

¿Por qué Orestes mata a Clitemnestra y Egisto?

Orestes los mata para vengar el asesinato de su padre y liberar Argos de la tiranía. En la versión de Sartre, lo decisivo es que ejecuta la acción como una elección propia y no simplemente porque un dios o una tradición se lo ordenen.

¿Qué representan las moscas?

Representan el remordimiento, la descomposición de Argos y la culpa utilizada por Júpiter y Egisto para mantener sometida a la población.

¿Qué representan las Furias?

Las Furias personifican el remordimiento que persigue a Orestes y Electra después de los asesinatos. Se alimentan del miedo y de la voluntad de huir de la propia responsabilidad.

¿Por qué Electra se arrepiente?

Electra había imaginado la venganza como una liberación, pero no puede soportar sus consecuencias reales. Para escapar de la responsabilidad, acepta la protección de Júpiter y atribuye su comportamiento a la influencia de Orestes.

¿Orestes se arrepiente al final?

No. Orestes acepta plenamente que ha matado a Egisto y Clitemnestra, pero rechaza el arrepentimiento exigido por Júpiter como forma de sometimiento.

¿Qué relación tiene la obra con el existencialismo?

Orestes representa al individuo que descubre que no existe una autoridad capaz de elegir por él. Debe construir sus valores mediante sus actos y asumir la responsabilidad de las consecuencias.

¿Qué relación tiene Las moscas con la ocupación de Francia?

La obra fue estrenada durante la ocupación alemana y suele interpretarse como una alegoría de la resistencia frente a un poder político que utiliza el miedo, la culpa y la obediencia para controlar a la sociedad.

¿Qué significa el final?

Orestes libera Argos del tirano y se lleva las moscas, pero deja a sus habitantes ante la necesidad de elegir su propio futuro. La libertad no aparece como una solución cómoda, sino como el comienzo de la responsabilidad.

Conclusión

Las moscas es mucho más que una adaptación moderna del mito de Orestes. Sartre utiliza la tragedia griega para mostrar cómo el poder puede convertir el pasado y la culpa en instrumentos de obediencia.

Orestes derrota a Júpiter no porque sea más fuerte que un dios, sino porque deja de reconocer su autoridad moral. Acepta que nadie puede justificar sus elecciones en su lugar y que tampoco podrá escapar de sus consecuencias.

Electra representa el camino opuesto. Desea la libertad mientras parece sencilla, pero vuelve a someterse cuando descubre el peso real de actuar.

El final deja a Argos sin moscas, sin tirano y sin excusas. A partir de ese momento, sus habitantes deberán decidir si utilizan su libertad o construyen una nueva forma de obediencia.

Esa es la idea más exigente de la obra: la libertad no consiste únicamente en romper las cadenas impuestas por otros. También obliga a aceptar que, una vez rotas, somos responsables de lo que hagamos después.